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SECCIÓN DE DIBUJO

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 SECCIÓN DE DIBUJO

 

DIBUJO DE PAISAJE A LÁPIZ

 

Capitulo 05

 

Los reflejos en el agua

El agua produce dos efectos físicos-ópticos constantes: la refracción y la reflexión. De la refracción depende sobre todo el color que apreciamos en el natural y, en algún caso, el efecto de transparencia de los cuerpos que se hallan inmersos en el agua. No obstante, al dibujante le habrá de interesar especialmente el segundo efecto, el de la reflexión, puesto que todo el entorno se refleja en la superficie del agua.

Pero, saber representar el efecto de reflexión puede no resultar fácil si no se observa atentamente el natural; ya que se puede caer en el error de plasmar algo que no existe en la realidad. Veamos un error en el que podemos incurrir al representar la masa acuosa del mar.
 

  Representar el efecto de reflexión que se produce en el agua como si se tratara de un espejo que reflejase fielmente los objetos que sobre su superficie aparecen, produciría un efecto falso. El dibujante, en este caso, habría plasmado la sensación propia del mar como superficie que refleja, pero no sería un efecto natural.

 

 

  Si, por el contrario, el dibujante tiene en cuenta que la superficie del mar- por tranquilo que esté- siempre será ondulante, lo cual se traducirá en un nuevo efecto de "arrugamiento" de la imagen reflejada. Según este condicionante podrá ser representada con exactitud la masa del agua y el efecto de reflexión.

 

Los árboles

  Ticiano es considerado como uno de los grandes dibujantes de paisajes de la historia del arte. La interpretación que hiciera de elementos del natural, y por supuesto de los árboles, así la expresividad con la que representó sus hojas, e incluso los troncos, le convierten en un maestro de este tipo de temas. "Bosquecillo" es una obra realizada con pluma y aguada entre 1513 1514.

Tras el dibujo de paisajes, ahora abordaremos el tema específico de árboles. En efecto, se trata de un aspecto temático del natural muy concreto, que generalmente implica una cierta especialización por parte del artista. Sin embargo, y a nivel general, para todos aquellos que se sienten atraídos por la disciplina del dibujo, proponemos algunas pautas que nos clarificarán el modo más sencillo de iniciarnos. Siendo el árbol uno de los motivos principales que brinda la naturaleza para ser interpretado, y además uno de los protagonistas principales que en ocasiones adornan los dibujos de paisajes , su dibujo debe atenerse a las características principales que ofrece su estructura: el contorno, el tipo de crecimiento de sus ramas, el volumen y los contrastes entre las zonas iluminadas y las partes en sombra. El contorno depende del volumen en su dimensión, pero presentará el relieve característico que produzcan la forma y tamaño de sus hojas y frutos; el crecimiento de las ramas dará al árbol un sentido ascensional, que el dibujo deberá recoger; y, por último, las sombras enmarcarán los volúmenes parciales de los distintos macizos frondosos.

Si la hoja es menuda y muy abundante, el follaje será compacto y, en consecuencia, de sombras intensas; y si además el perfil de la hoja es accidentado, el resultado debe ser un contorno total repleto también de múltiples y pequeños accidentes.

 

Equilibrio y simetría

 

  El árbol presenta una gran semejanza entre las dos mitades que se obtienen a partir de una línea vertical trazada justamente por el centro de su tronco.
  En el caso de un roble se trata de un árbol frondoso, claro ejemplo de simetría. También la secuoya gigante, siendo un árbol típicamente esbelto, presenta un equilibrio realmente impresionante.





 

 

Una representación abstracta
 

El dibujo del árbol ha de interpretarse de forma global, entendiéndolo como una masa abstracta, sin caer en el error de plantearse un tratamiento pormenorizado y de detalle.

 

   En la ilustración podemos apreciar el dibujo de la péndula, un típico árbol reptante, que a pesar de ser un ejemplar clásico de horizontal es realizado con un trazo ligero y ejecutado de forma vertical.
 
El tilo: un árbol frondoso

Lo primero que el dibujante ha de proponerse ante el dibujo de un árbol es la captación de su contorno total, que en este caso -al tratarse de un tilo- ofrece múltiples relieves puntiagudos, debido al tipo de hoja.

  Como proceso de trabajo comenzaremos dibujando el volumen total, a partir del que iremos destacando los diferentes volúmenes parciales. Más adelante, y puesto que trabajaremos a punta de lápiz, entonaremos los máximos oscuros, para finalizar plasmando los medios tonos.
 

 

     
     
 

Esbeltez del pino
 

Comenzaremos ahora el dibujo trazando un sencillo esquema general del árbol. A continuación, diferenciaremos los distintos volúmenes parciales de su fronda, del mismo modo que en el caso anterior. Dibujaremos, más adelante, el conjunto marcando las zonas de sombras mediante rayado vertical en aquellas zonas donde la sombra es poco intensa, rayado oblicuo, para dar una sensación de mayor espesura en el follaje. Finalmente, profundizaremos en los contrastes luminosos más importantes.
 

 

Peculiaridad del olivo 1

Árbol achaparrado y de tronco nudoso, el olivo ofrece un contorno realmente peculiar debido a la forma y dureza de sus hojas y también de su fruto. Los volúmenes, por tanto, deben ser dibujados con trazos cortos de sombra, a base de líneas también verticales u oblicuas de diferente intensidad, que maticen la valoración tonal del tema.

  Observemos en primer lugar el esquema simplificado de la imagen que ofrece un árbol de las características del olivo.

 
     
  Comenzamos propiamente el dibujo, llevando a cabo un rápido encaje de los contornos, pero sin atender nada más que a las grandes masas.

 
     

 

 

 

 


 

 

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