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SECCIÓN DE DIBUJO

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 SECCIÓN DE DIBUJO

 

DIBUJO DE PAISAJE A LÁPIZ

 

Capitulo 04

 

Quietud y movimiento del mar

El natural siempre está lleno de aspectos expresivos que, adecuadamente interpretados por el artista, habrán de cobrar una gran plasticidad en el dibujo. Entre los elementos más significativos que existen en este sentido se encuentra el mar.

El mar no es estático, sino que cambia y se mueve constantemente. La observación atenta de los cambios que se producen en él será el primer paso para que tales estados sean plasmados fielmente en el papel. La representación de la tranquilidad en el mar requiere un tratamiento específico, de la misma manera que la turbulencia produce una ruptura en la horizontalidad de las líneas representativas del mar. Por último, sobre la superficie del mar también se produce un efecto de perspectiva que hemos de tener en cuenta a la hora de dibujar este tipo de paisajes.

El efecto de quietud

 

  Un predominio de líneas horizontales, en las que se hacen visibles los reflejos de los objetos situados en el mar, caracterizan el mar en calma. La propia quietud del barco y el tratamiento de las velas como tono plano abundan en la sensación de tranquilidad.


El efecto de movimiento

 

  El mar al agitarse rompe la horizontalidad, la propia línea de horizonte queda sin definir y los reflejos en la superficie apenas existen. El barco ahora se mueve y las velas se hinchan... Como se puede apreciar, no es necesario dibujar con precisión las olas, sino romper su horizontalidad.
 

El efecto de perspectiva

  Para lograr un dibujo correcto del mar hay que contar con la perspectiva y aplicarla en el tema que deseemos representar. En las grandes masas líquidas las líneas que marcan las crestas de las olas tienden a un solo punto de fuga y las más cercanas al espectador aparecen más oblicuas y separadas.

Matices del paisaje portuario

Las escenas portuarias ofrecen un atractivo constante a los artistas por la enorme variedad de elementos que intervienen en su composición y por la riqueza que los mismos requieren. También es muy frecuente que el dibujante deba aplicar con rigor la teoría del tratado perspectivo lo cual le facilitará notablemente la plasmación de la sensación de profundidad. En la ilustración vemos un dibujo de Alberto Durero (1471 1528) que refleja la actividad del puerto de Amberes.

  A diferencia de aquellos dibujos en que el mar es tratado desde un punto de vista lejano, en caso de que el mar se halla próximo al dibujante, lo que ocurre en las escenas portuarias, será necesario crear un ambiente especialmente cálido, donde todos los elementos serán importantes en el dibujo, siendo el mar un ingrediente más de la escena.
 
Con estas recomendaciones nos disponemos ya a afrontar un tema de dibujo realmente interesante y sorprendente por las posibilidades expresivas que con él se pueden conseguir.
 
  A partir de este dibujo, podemos reflexionar en los aspectos más destacables de este tipo de trabajos. Así, no buscaremos un gran detalle de acabado, sino más bien una impresión general.




 

 

Será muy importante el tratamiento que demos a las embarcaciones, y en ellas matizaremos fundamentalmente las zonas más próximas. Diferenciaremos también los distintos planos de profundidad, superponiéndolos, distinguiendo sus formas y sus tonos correspondientes, reservando los negros y los oscuros más intensos para los primeros términos y degradando progresivamente los tonos hasta el fondo.

 

El efecto de profundidad

Ante cualquier tema pictórico o de dibujo el artista habrá de colocarse durante la etapa de aprendizaje inmerso en el propio natural para captarlo en su verdadera dimensión y reflejarlo con la fidelidad precisa. En el tema del paisaje esta recomendación se hace absolutamente imprescindible. Por esta razón, sugerimos a los interesados en el tema que practiquen a partir de una observación atenta de estas escenas. Proponemos el empleo del lápiz de grafito, por la comodidad que supone, teniendo en cuenta en todo momento que la entonación que con él llevemos a cabo habrá de ser progresiva. Al tratarse de un paisaje distinguiremos los primeros de los últimos términos claramente, reservando los contrastes máximos para los planos más próximos. Motivo central de nuestro dibujo serán dos barcas cuyos reflejos sobre la superficie del agua habrán de ser representados con sumo cuidado. Por el contrario, las barcas que aparecen al fondo de la escena quedarán simplemente insinuadas de una forma somera.

     
  1.En primer lugar, comenzamos encajando las masas, situamos la línea límite del mar, marcamos las formas de las barquillas en último término y efectuamos una ligera entonación.
     
  Seguimos con una entonación intensa, reservando los blancos; desarrollamos las barcas del fondo y fijamos algunos reflejos con trazos cortos y horizontales.


 
 

 

     
     
  Hacemos resaltar los blancos, oscureciendo el tono en torno a ellos, y reservamos los oscuros máximos para las barcas en primer término, con lo que concluimos el dibujo.



 

 

El dibujo de olas
 

  OLAS AGITADAS: Cuando nos planteemos la necesidad de representar el mar con olas agitadas cuidaremos fundamentalmente de la diferenciación de texturas: el mar en lejanía lo representaremos mediante líneas onduladas, inestables y rítmicas; sin embargo, la masa de la ola en el momento de su impacto contra las rocas, se plasmará a base de contrastes muy ligeros y formas indeterminadas.
     
  OLAS TRANQUILAS: Por el contrario, las olas tranquilas presentan una masa general uniforme y unas formas blancas que siguen una dirección de perspectiva. Distinguiremos en su dibujo dos tonos, el blanco máximo de la espuma de la ola, y un tono oscuro, más o menos intenso, que nos indicará su elevación. En cuanto al esquema general, emplearemos una textura muy horizontal, con ondulaciones muy extensas y paralelismo de perspectiva.
     

 

 

 

 


 

 

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